ESBOZO DE UNA POÉTICA PARA PERE GIMFERRER / Spencer Polidori
Hoy intentaremos esbozar unas primeras líneas para trazar un intento de poética del escritor catalán Pere Gimferrer. Trataremos de dar una visión general y desde el aire de su poesía, sin profundizar (pues nos supondría más tiempo y mayor extensión de la que podemos disponer aquí)pero tratando de dibujar una o dos líneas maestras para poder no perdernos entre sus poemas.
La justificación, si la necesitare, de atender a este poeta, es más que obvia: Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) es poeta, narrador, ensayista y traductor, además de miembro de la Real Academia Española, académico fundador y miembro permanente de la Academia Europea de Poesía. También fue director literario de la editorial Seix Barral. Pero, sobre todo, fue el poeta rupturista que dio un giro a la poesía que se venía haciendo durante la década de los años sesentas y, casi sin buscarlo, transformó la poesía y dió a luz a una nueva "generación" de poetas
Curiosamente, le debemos a un poeta mucho más ¿tradicional?, Vicente Aleixandre, el que se consagrara a publicar su primera obra. El premio Nobel estaba muy interesado en leer sus poemas y, cuando finalmente pudo hacerlo, Aleixandre no dudó en animar a nuestro poeta a publicarlos. Lo hizo y, al hacerlo, rompió con ello los moldes de una poesía que entonces estaba dominada por los autores de la generación del 50 y que ya daba muestras de cansancio del realismo social que la había animado. Nuestro autor encuentra una estética nueva y una forma nueva de ver el arte que luego influyó en otros autores que constituyeron la tendencia dominante en los 70’s: los Novísimos.
Ese libro revolucionario se llamó Arde el mar, publicado en 1966, lo que le valió la inclusión en la famosa antología de José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles (1970) Luego, nuestro poeta decidió escribir en catalán y no volvió a usar el castellano hasta nuestro siglo.
Su producción lírica se compone de las siguientes obras:
- Mensaje del tetrarca (Barcelona: Trimer, 1963)
- Arde el mar (San Cugat del Vallés: Amelia Romero, 1966)
- La muerte en Beverly Hills (Madrid: Ciencia Nueva, 1968)
- Extraña fruta y otros poemas (1969), en Poesía 1963-1969 (Madrid: Visor, 1979)
- Los espejos (1970), en Poesía 1970-1977 (Madrid: Visor, 1978)
- Hora oscurecida (1972), en Poesía 1970-1977 (Madrid: Visor, 1978)
- Fuego ciego (1973), en Poesía 1970-1977 (Madrid: Visor, 1978)
- El espacio desierto (1977), en Poesía 1970-1977 (Madrid: Visor, 1978)
- El vendaval (Barcelona: Península, 1988)
- La luz (Barcelona: Península, 1992)
- Mascarada (Barcelona: Península, 1998)
- El diamante en el agua (Barcelona: Ediciones del Bronce, 2002)
- Amor en vilo (Barcelona: Seix Barral, 2006)
- Tornado (Barcelona: Seix Barral, 2008)
- Rapsodia (Barcelona: Seix Barral, 2011)
- Alma Venus (Barcelona: Seix Barral, 2012)
- El castillo de la pureza (Barcelona: Tusquets, 2014)
- Con cuidado (Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2014)
- No en mis días (Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2016)
- Las llamas (Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2018
La ruptura con el canon poético de la generación anterior que se produjo con Arde el Mar se produce, afirma el propio Gimferrer, de forma, si no causal, sí inconsciente ya que "mi formación se basaba sobre todo en la generación del 27 y en poesía extranjera (Pound, Eliot, Perse...) y no pensaba ni poco ni mucho en que aquello tuviera o no que ver con lo que en poesía se estaba haciendo a mi alrededor" (1). Hasta tal punto fue así que, poco antes de esas líneas, Gimferrer ha confesado que "Es el libro que he escrito de un modo menos deliberado y más nonchalant".
Y, sin embargo, ahí están ya presentes, "El fastuoso verbalismo, un versolibrismo de base métrica clásica, el desfile de mitos culturales y el juego de máscaras, la dicción deliberadamente elíptica a costa de elidir los nexos lógicos, el empleo encadenado de la imagen visionaria y, en general, la centralidad de la imagen como instrumento portador de sentido, la enunciación vacilante e inconcreta, la superposición de planos espacio-temporales, perspectivas y voces" (2). Si bien estos rasgos los compartirá con la mayoría de sus compañeros "Novísimos", me parece que debemos detenernos y dar especial relevancia al último de ellos como más propio y personal de Gimferrer.
También en un lúcido y breve ensayo de Fernando Lázaro Carreter sobre Gimferrer, que une su producción primera con la que, hasta ese momento, fue su última obra (La luz, 1992) (1), podemos leer ese mismo último rasgo que, para nosotros, constituye la clave de bóveda en la que se apoya la identidad poética de Gimferrer. Dice Lázaro Carreter:
"El escritor, por ejemplo, está en una plaza que ya contempló antes; la mira con sus ojos actuales; pero se superpone la plaza recordada de su visión anterior, que la ha transformado en una ensoñación mil veces más bella" (3)
Carreter cita el poema "Primera visión de marzo", que consta de varias partes. Es en la tercera parte donde se encuentran esos versos.
Tenemos, pues, una primera clave que se repetirá a lo largo de su poesía: su melancolía evocadora unirá tiempos y espacios distintos que se superponen en el mismo instante en la "narrativa" del poema. Esto incrementa la fuerza emotiva de la evocación que suele adornar de belleza el instante evocado, no siempre, sin embargo, el momento del presente poético. Esta superposición, en algún poema, se ha llegado a expresar también a través de la composición misma del poema, de su forma extensa, no sólo de la temática. Así sucede en "Rondó", posterior a Arde el mar y que, a modo de este tipo de melodía, el poeta repite "el momento", valiéndose de la anáfora y logrando superponer visualmente también la superposición de momentos a la que alude.
Rondó
Quisiera tener un revólver para escuchar solamente
el sonido de la sangre, y saber que no moriré:
que el chasquido de las cápsulas o el fogonazo sulfúreo,
como guardado por ángeles, no arrasarán mi jardín.
Qué claridad de relámpagos cuando mis ojos se cierran.
Tan cercanas las imágenes del amor, aquí, en mi pecho,
como canto de sirenas o recuerdos de niñez.
Con paso quedo, despacio: no despertéis a las rosas.
El momento de la lluvia tras los cristales velados,
y el momento en que se escuchan tu mirada y tu sonrisa,
y el momento en que tu voz descubre cielo y planetas,
y el momento en que tu piel gime un fulgor susurrante,
y el momento en que tus labios, y tus ojos, y la lluvia...
Quisiera tener un revólver para escuchar solamente
el sonido de la sangre, y saber que no moriré.
[Extraña fruta y otros poemas 1968 - 1969]
No obstante, la superposición espacio-temporal suele ser, sobre todo, temática, ocupando gran parte o sólo una pequeña porción dentro del poema. En "una sola nota muciscal para Holderin" hay una frase que resume de manera magistral esa unión de tiempos. No sólo es que el poeta pregunte por los lugares que holló su pie, para luego devolvernos al presente en el último verso ("qué dulce es al oído...") casi como respuesta a una pregunta sobre el pasado, sino que en esa frase intermedia entre pregunta y respuesta afirma: "Duró más que nosotros aquella rosa muerta". De manera que la rosa muerta en el pasado duró más que el tiempo compartido por el poeta y su interlocutor. En un sólo verso se aúna y superpone:
El tiempo compartido.
El tiempo de la rosa.
El momento de la evocación de ambos tiempos anteriores.
Éste es el poema completo:
Una sola nota musical para Holderlin
Si pierdo la memoria, qué pureza.
En la azul crestería la tarde se demora,
retiene su oro en mallas lejanísimas,
cuela la luz por un resquicio último, se extiende
y me delata
como un arco que tiembla sobre el aire encendido.
¿Que esperaba el silencio? Príncipes de la tarde,
¿qué palacios
holló mi pie, que nubes o arrecifes, qué estrellado país?
Duró más que nosotros aquella rosa muerta.
Qué dulce es al oído el rumor con que giran los planetas
del agua.
Es el poema "Oda a Venecia ante el Mar de los Teatros" el poema que mejor explica la poética de Gimferrer y en el que también puede apreciarse este punto:
Oda a Venecia ante el mar de los teatros
Las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
García Lorca
Tiene el mar su mecánica como el amor sus símbolos.
Con que trajín se alza una cortina roja
o en esta embocadura de escenario vacío
suena un rumor de estatuas, hojas de lirio, alfanjes,
palomas que descienden y suavemente pósanse.
Componer con chalinas un ajedrez verdoso.
El moho en mi mejilla recuerda el tiempo ido
y una gota de plomo hierve en mi corazón.
Llevé la mano al pecho, y el reloj corrobora
la razón de las nubes y su velamen yerto.
Asciende una marea, rosas equilibristas
sobre el arco voltaico de la noche en Venecia
aquel año de mi adolescencia perdida,
mármol en la Dogana como observaba Pound
y la masa de un féretro en los densos canales.
Id más allá, muy lejos aún, hondo en la noche,
sobre el tapiz del Dux, sombras entretejidas,
príncipes o nereidas que el tiempo destruyó.
Que pureza un desnudo o adolescente muerto
en las inmensas salas del recuerdo en penumbra
¿Estuve aquí? ¿Habré de creer que éste he sido
y éste fue el sufrimiento que punzaba mi piel?
Qué frágil era entonces, y por qué. ¿Es más verdad,
copos que os diferís en el parque nevado,
el que hoy así acoge vuestro amor en el rostro
o aquel que allá en Venecia de belleza murió?
Las piedras vivas hablan de un recuerdo presente.
Como la vena insiste sus conductos de sangre,
va, viene y se remonta nuevamente al planeta
y así la vida expande en batán silencioso,
el pasado se afirma en mí a esta hora incierta.
Tanto he escrito, y entonces tanto escribí. No sé
si valía la pena o la vale. Tú, por quien
es más cierta mi vida, y vosotros que oís
en mi verso otra esfera, sabréis su signo o arte.
Dilo, pues, o decidlo, y dulcemente acaso
mintáis a mi tristeza. Noche, noche en Venecia
va para cinco años, ¿cómo tan lejos? Soy
el que fui entonces, sé tensarme y ser herido
por la pura belleza como entonces, violín
que parte en dos aires de una noche de estío
cuando el mundo no puede soportar su ansiedad
de ser bello. Lloraba yo acodado al balcón
como en un mal poema romántico, y el aire
promovía disturbios de humo azul y alcanfor.
Bogaba en las alcobas, bajo el granito húmedo,
un arcángel o sauce o cisne o corcel de llama
que las potencias últimas enviaban a mi sueño.
Lloré, lloré, lloré
¿Y cómo pudo ser tan hermoso y tan triste?
Agua y frío rubí, transparencia diabólica
grababan en mi carne un tatuaje de luz.
Helada noche, ardiente noche, noche mía
como si hoy la viviera! Es doloroso y dulce
haber dejado atrás a la Venecia en que todos
para nuestro castigo fuimos adolescentes
y perseguirnos hoy por las salas vacías
en ronda de jinetes que disuelve un espejo
negando, con su doble, la realidad de este poema.
En este poema, el poeta evoca la pérdida de la inocencia, muy joven, en Venecia. Vuelve a ese lugar y, como sucedía con el ejemplo de la plaza que mencionaba Carreter, se pregunta:
"¿Estuve aquí? ¿Habré de creer que éste he sido
y éste fue el sufrimiento que punzaba mi piel?"
Otras frases buscan esa misma unión de tiempos: "el pasado se afirma en mí a esta hora incierta". También en "Noche, noche en Venecia / va para cinco años" parecen unirse la noche evocada con la noche en la que evoca. En este caso, el sonido de un violín parece disparar el recuerdo y unir los dos tiempos: "violín / que parte en dos aires de una noche de estío". Podemos encontrar muchos ejemplos similares por toda la poesía de Gimferrer. También de unión de sentimientos distintos, nunca dramáticos, pero sí diferentes dentro de la misma melancolía de la que se tiñe todo el ambiente del poema ("¿Y cómo pudo ser tan hermoso y tan triste?")
La poesía, en el fondo, como nos dirá en "sistemes", no es más que un juego de espejos, lo que puede permitir superponer imágenes tanto como vedar a la vista los nexos de unión (también lo decía más arriba) entre imagen y suceso desencadenante.
Sistemes
La poesia és
un sistema de miralls
giratoris, lliscant amb harmonia,
desplaçant llums i ombres a l'emprovador: per què
el vidre esmerilat? Com parlant de conversa
amb les tovalles i música suau jo et diria, estimada,
que aquest reflex, o l'altre, és el poema,
o n'és un dels aspectes: hi ha un poema possible
sobre la duquessa morta a Ekaterinenburg,
i quan es mou el sol vermell a les finestres, jo recordo
els seus ulls blausS No ho sé n'he passat tantes, d'hores,
als trens de nit, tot llegint novel.les policíaques
(sols a la casa buida, obríem els armaris),
i una nit, anant cap a Berna, dos homes es besaren al meu departament
perquè era buit, o jo dormia, o era fosc
(una mà cerca l'altra, un cos l'altre)
i ara gira el cristall
i amaga aquest aspecte: el real i el fictici,
la convenció, és a dir, i les coses viscudes,
l'experiència de la llum als boscos hivernals,
la dificultat de posar coherència és un joc de miralls,
els actes que es dissolen en la irrealitat,
els àcids que envaeixen velles fotografies,
el groc, la lepra, el rovell i la molsa que esborren les imatges,
el quitrà que empastifa les cares del nois amb canotier,
tot allò que una tarda morí amb les bicicletes,
cromats vermells colgats a les cisternes,
a càmara lenta els cossos (a l'espai, com al temps) sota les aigües.
(Enfosquit com el fons d'un mirall esberlat, l'emprovador
és l'eix d'aquest poema.) (4)
Para terminar, hay una segunda clave que quiero reflejar aquí, más evidente. La generación de los Novísimos ya no eran, ni siquiera, los "niños de la guerra" como fueron los poetas de los 50. Gimferrer nació ya en 1945. Así pues, no pesan en estos poetas ni la reivindicación social ni ningún otro interés afín a sus mayores. En los años de niñez y primera juventud de estos poetas España vive una etapa más aperturista (aun con vacilaciones) que se iría haciendo cada vez más evidente. La vida de los que han quedado es suficientemente próspera y feliz y estos poetas tampoco están tocados por el exilio. Por eso, su poesía busca la belleza por encima de todo. Su infancia y su pasado evocado es un pasado perfecto, feliz, aunque la pérdida del mismo o el paso del tiempo lo convierta sólo en recuerdo y lo haga amargo. Esta condición es mucho más notable en Gimferrer que en otros poetas, si bien está en casi todos ellos. Gimferrer evoca en el poema "Arde el mar" (que curiosamente pertenece a su libro Extraña fruta, un título que hace alusión a un famoso blues cantado por Billy Holliday y no a Arde el Mar) los tiempos de la niñez y las aventuras leídas en los cómics.
Arde el mar
Oh ser un capitán de quince años
viejo lobo marino las velas desplegadas
las sirenas de los puertos y el hollín y el silencio en las barcazas
las pipas humeantes de los armadores pintados al óleo
las huelgas de los cargadores las grúas paradas ante el
cielo de zinc
los tiroteos nocturnos en la dársena fogonazos un cuerpo
en las aguas con sordo estampido
el humo en los cafetines
Dick Tracy los cristales empañados la música zíngara
los relatos de pulpos serpientes y ballenas
de oro enterrado y de filibusteros
Un mascarón de proa el viejo dios Neptuno
Una dama en las Antillas ríe y agita el abanico de nácar
bajo los cocoteros
La superposición de tiempos, con la alusión a las "huelgas" y las aventuras de Un Capitán de 15 años de Verne, es evidente. De nuevo, situación comprometida y dramática se aúna con el sentimiento de aventura ilusionada de un niño, blanco con negro. Pero vemos cómo predomina claramente la fantasía y la ilusión, las alusiones a todas esas formas de evasión: la literatura, los cómics, la novela de aventuras...
Acabamos ya: los novísimos tienen una prosa brillante, una temática decadentista y evocadora, utilizan las alusiones a los elementos tecnológicos contemporáneos, a la cultura del cine, a lo popular, el cómic, a la literatura con citas cultas o más populares... todos esos rasgos que ya conocemos y les atribuimos a las figuras "novísimas" cuya unidad, sin embargo, también oculta corrientes diferentes. Pero Gimferrer se distingue, sobre todo, por esotso dos rasgos que en él son una huella constante en su poesía a través de toda su evolución y que son, al menos, más evidentes que en el resto de los poetas que también los puedan manifestar.
REFERENCIAS
(1) GIMFERRER, Pere: Arde el Mar, El Vendaval. La luz. Primera y última poesía, Barcelona, Círculo de Lectores, 1992, pág. 30. También se recoge en https://albumperegimferrer.net/poesia/
(2) IRAVEDRA, Araceli: Hacia la democracia. La nueva poesía (1968-2000), Madrid, Visor, 2016 [Poesía Española, Antología crítica dirigida por Francisco Rico, vol. 10], p. 237
(3) LÁZARO CARRETER, Fernando:
(4) Obra Catalana Completa. Poesia. Barcelona: Edicions 62, 1995: 110.





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