BLANCA ANDREU. UNA RENOVADORA / Spencer POLIDORI
Nacida en Pontevedra en 1959, Blanca Andreu pasó su infancia en Orihuela (Alicante), "tu pueblo y el mío" que diría Miguel Hernández.
A los 20 años cogió el petate y se fue para Madrid, lo cual le vino muy bien, según parece, para su carrera y su vida. Allí inició su carrera literaria y allí fue donde conoció al escritor Juan
Benet, con quien contrajo matrimonio en 1985 a pesar de la diferencia de
edad (ella era 32 años más joven). Después de enviudar, Andreu se alejó de la vida pública y se marchó a vivir a su Galicia nartal. Actualmente está afincada en A Coruña.
Cómo poetisa es una de las voces contemporáneas más reconocidas (creo que muy
merecidamente), pero como siempre que hablamos de poesía contemporánea,
poco conocida. ha publicado De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, su ópera prima, ganadora del Premio Adonais en 1980 y que revolucionó la poesía del momento, como luego veremos. Le siguió Báculo de Babel en 1982 por el que recibió el "Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo". Ese año fue galardonada con el "Ícaro de Literatura", instituido por el "Diario 16" a nuevos creadores. Libro de las bestias. Primer fosiólogo (1984) y Elphistone (1988), luego reunidos en El cielo oscuro (1994), completan su obra poética hasta los años dos mil en los que vuelve a la poesía con La tierra transparente (2001) que ese año obtuvo el "Premio Internacional de Poesía Laureá Mela". Los archivos griegos (2010) es su ultimo poemario hasta la fecha.
También tiene un “Premio de Cuentos Gabriel Miró", que ganó en 1981.
Hasta aquí la biografía.
Revolución
Cuando Blanca Andreu publica su primer poemario, que le vale el Adonais, la poesía contemporánea estaba dominada por los Novísimos (o Generación del 68, según otros autores). Estos poetas son, si seguimos la nómina de J.M. Castellet: Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero. A esos nombres se añadieron luego otros, más rezagados por ser más jóvenes, como Luis Antonio de Villena o Luis Alberto de Cuenca.
De pronto, aparecen jóvenes que no quieren seguir esa línea y que, para colmo, lo hacen conscientemente, con propuestas poéticas teóricas elaboradas o poemarios que son toda una declaración de intenciones. La poesía se dispara en varios sentidos, aunque algunos podrían asociarse o una corriente contener a otra:
A) La poesía de la Experiencia (o "otra sentimentalidad")
B) La poesía que intenta rescatar dar continuidad a las Vanguardias, interrumpidas por la poesía social y el Franquismo.
C) La poesía de la Diferencia
D) La poesía del "silencio"
Ya hablaremos de otras ramas de ese batiburrillo.
El caso es que Blanca Andreu es el primer nombre que se distancia de los Novísimos. Es la primera voz que trata de rescatar las vanguardias y dar una continuidad a ese reto poético que se había quebrado por otros imperativos sociales. No todos los críticos están de acuerdo con esto. Luis Antonio de Villena bautizó esta generación como la de los "Postnovísimos" para señalar que venían después de aquéllos y que eran diferentes, pero que no acababan de desprenderse de los cánones de la poesía culturalista y venecianista.
Veréis: más o menos así es como veo yo la historia de la poesía del siglo XX -y que conste que, aunque creo no estar diciendo ningún disparate, es una interpretación (a trazo grueso), basada en mis propias conclusiones sobre lo que he leído a otros autores, por lo que el lector es muy libre de contradecirme cuando quiera si es más partidario de otro crítico que hable con mayor fundamentación que yo.
Blanca Andreu comienza a ahondar en una poesía vanguardista, de imágenes surrealistas, muy expresivas y potentes. En su poemario, sutilmente vedado y, a la vez, descarnadamente expuesto para el que conoce la clave, se trata por vez primera el tema de la marihuana. Se fija una voz poética en una realidad social urbana y generacional.
El segundo poemario de Andreu sigue un poco esa línea pero es aún más maduro y las imágenes son mucho más sólidas. 'Báculo de Babel' explora también el propio lenguaje como tema de la observación poética.
Poco a poco, sin embargo, la poesía de Andreu va abandonando el vanguardismo y volviéndose más transparente, más inteligible y más sencilla, sin abandonar, no obstante, ese hondo sentimiento que parece traslucir.
Algunos críticos han señalado también la carnalidad de alguno de sus poemas que, en el caso de otros poetas como José Luis Ferris (fue el accésit del Adonais el mismo año que ganó Andreu) paraece una nueva constante en estos poetas que rompen con el canon novísimo (menos dramáticamente en el caso de Ferris, ya que conserva algunas influencias de los Novísimos en Cetro de Cal)
Por tanto, Blanca Andreu, en menor medida Ferris y, también, algunos otros pocos nombres como Julio Llamazares, son los nombres que inician un giro voluntariamente histórico de la poesía, como lo hiciera en su día el postismo o las vanguardias. Se afianzaron en la idea de que algo debía cambiar en la poesía y en que, como hicieran los Postistas, había que retomar el camino donde había quedado detenida la poesía, en las vanguardias, olvidando el desvío de casi un siglo que había llevado a formas válidas pero menos originales.
Junto a ellos, otro grupo, el de la poesía de la experiencia, también da un paso adelante en el mismo sentido: "¡avancemos!", no demos vueltas a lo que ya está hecho. Sin embargo, la "otra sentimentalidad" tuvo un ideario más elaborado, unos presupuestos algo más flexibles y, a su vez, una personalidad más similar entre las voces poéticas, mientras que Ferris, Llamazares o Andreu (también, en los 90's, Ana Merino y otras voces), eran tan personales que era difícil que encontraran "seguidores" y, por tanto, que fundaran una corriente.
Así, Andreu y su generación quedaron en el limbo de los versos sueltos de la poesía contemporánea ("las voces personales con fuerte identidad", si se quiere decir en positivo), mientras que en los 80 a los Novísimos les sucedía como hegemónica la corriente de la "poesía de la experiencia" (con Luis García Montero a la cabeza), hasta que también pasó, ya bien entrados los 90's.
Ahora, algunas muestras de su obra.
Amor de los incendios
Amor de los incendios y de la perfección, amor entre
la gracia y el crimen,
como medio cristal y media viña blanca,
como vena furtiva de paloma:
sangre de ciervo antiguo que perfume
las cerraduras de la muerte.
Amor mío
Amor mío, mira mi boca de vitriolo
y mi garganta de cicuta jónica,
mira la perdiz de ala rota que carece de casa y muere
por los desiertos de tomillo de Rimbaud,
mira los árboles como nervios crispados del día
llorando agua de guadaña.
Esto es lo que yo veo en la hora lisa de abril,
también en la capilla del espejo esto veo,
y no puedo pensar en las palomas que habitan la palabra
Alejandría
ni escribir cartas para Rilke el poeta.
Dame la noche que no intercede
Dame la noche que no intercede,
la noche migratoria con cifras de cigüeña,
con la grulla celeste y su alamar guerrero,
palafrén de la ola oscuridad.
Dame tu parentesco con una sombra de oro,
dame el mármol y su perfil
leve y ciervo,
como de estrofa antigua.
Dame mis manos degolladas por la noche que no intercede,
palafrén de las más altas mareas,
mis manos degolladas entre los altos cepos y las llamas lunares,
mis manos migratorias por el cielo de agosto.
Dame mis manos degolladas por el antiguo oficio de la infancia,
mis manos que sajaron el cuello de la noche,
el destello del sueño con metáforas verdes,
el vino blasonado que se quedó dormido.
Amor de los incendios y de la perfección,
amor entre la gracia y el crimen,
como medio cristal y media viña blanca,
como vena furtiva de paloma:
sangre de ciervo antiguo que perfume
las cerraduras de la muerte.
Cómo me parecerá
Cómo me parecerá extraño el aire que me envuelve,
cómo será así extraño,
cuando tú ya no estés,
la catedral del día,
el claustro que condensa la gran edad de la luz
y el carácter de las tormentas.
Amor mío, amor mío, tú sin día para ti,
enjambrado entre espejos y entre las cosas malas,
muerta la plata trascendental
y las ya antiguas anémonas de égloga,
muerta esta versión, que ahora oscuro, y declino, para leerla,
más joven.
Amor mío de nunca, afiebrado y pacífico,
versos para el pequeño pulpo de la muerte,
versos para la muerte rara que hace la travesía de los téléfonos,
para mi mente debelada versos, para el circuito del violín,
para el circuito de la garza,
para el confín del sur, del sueño,
versos que no me asilen ni sean causa de vida,
que no me den la dulce serpiente umbilical
ni la sala glucosa del útero.
Escucha, escúchame
Escucha, escúchame, nada de vidrios verdes o doscientos días
de historia, o de libros
abiertos como heridas abiertas, o de lunas de Jonia y cosas así,
sino sólo beber yedra mala, y zarzas, y erizadas anémonas
parecidas a flores.
Escucha, dime, siempre fue de este modo,
algo falta y hay que ponerle nombre,
creer en la poesía, y en la intolerancia de la poesía, y decir niña
o decir nube, adelfa,
sufrimiento,
decir desesperada vena sola, cosas así, casi reliquias, casi lejos.
Y no es únicamente por el órgano tiempo que cesa y no cesa,
por lo crecido, para lo sonriente,
para mi soledad hecha esquina, hecha torre, hecha leve notario,
hecha párvula muerta,
sino porque no hay otra forma más violenta de alejarse.



Comentarios
Publicar un comentario