EL HAIKU JAPONÉS / Percy Polidori
Hola Polidoris:
Vamos a dedicar esta entrada al Haiku, si no os parece mal.
El haiku (el auténtico) está indisolublemente ligado a la mentalidad propia del budismo zen, y no en balde algunos de sus mejores representantes fueron, al menos durante un tiempo, monjes zen y, más concretamente, monjes itinerantes o peregrinos. Es el caso de los tres de los que voy a tratar en esta entrada y que son, precisamente, mis favoritos: Basso, Issa y Santoka.
Basho o Basso, (lo he visto de las dos formas), es el padre de Haiku, el creador de este estilo poético allá por el S. XVII.
Los temas que trata son fundamentalmente la naturaleza y el paso de las estaciones, (y por tanto, el tiempo), ante lo cual adopta una actitud admirativa o reflexiva, según, en ocasiones no exenta de ironía o humor, y otras veces dándole un tono ora melancólico, ora compasivo.
Ya puedo ver mis huesos
Blanqueados por el viento.
Un viento frío corta mi cuerpo
Anochecer otoñal
Y el largo camino
Esta vacío
Se desvanece el tañido de la campana,
El aroma de los cerezos perdura.
Crepúsculo vespertino.
Encorvado
En este mundo al revés,
Un bambú en la nieve
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| Basho |
Es célebre este que es uno de mis favoritos porque recoge perfectamente la esencia del haiku clásico:
Cada mañana
Dónde irá pensativa
La primavera
Otras veces, el haiku rezuma reflexión budista (la impermanencia, el valor del momento presente, etc)
Sobre los campos
Sin apego a nada,
canta una alondra
El paso por la vida
Es fugaz –dijo Soogi-
Cual refugio en la lluvia
A veces es más personal e íntimo, aunque sin perder la referencia de la naturaleza o el tiempo (los dos temas básicos,)
Agotado de este viaje
Mis sueños deambulan dispersos
Por los campos desolados
Y ocasionalmente podemos encontrar incluso un punto de denuncia o crítica social
Hay quien atiende al mono
¿Y a un niño abandonado
bajo el cierzo otoñal?
Como veis, sin perder la referencia a la estación del año o a la naturaleza.
Basho tiene un libro precioso sobre su peregrinaje por los lugares santos del budismo japonés, -y que salpica de haikus-, llamado Senda hacia las Tierras Hondas, que es un clásico.
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| Issa |
Issa, nació un siglo después.
Tuvo una vida tremendamente desgraciada ya desde su infancia (con madrastra malvada incluida, como en La Cenicienta), se casó dos veces y perdió a sus sucesivas esposas y de remate a todos sus hijos, siendo aún niños pequeños, su casa se incendió, etc. Así que acabó haciéndose monje budista itinerante, peregrino, o mendicante, como diríamos en Europa. En su caso, en lugar del zen se adscribió al Budismo de la Tierra Pura, más popular. Si el zen triunfó en Japón entre las élites (masivamente entre los samuráis, por ejemplo) y las clases medias instruidas; el de la Tierra Pura lo hizo entre las clases humildes, supongo que por la promesa de un mundo mejor que lleva implícito (parecido al cielo cristiano, con todos los matices que lo diferencian, claro)
Se supone que esta diferencia budista se nota en su poesía (con respecto a la de Basho) pero claro, tienen que ser japonés para apreciarlo. Y es que el gran problema del Haiku es su traducción, como luego explicaré.
Bueno, ahí va n unos poemas de Issa:
Un día lluvioso de primavera.
Una carta abandonada
Vuela entre los árboles
Mirad a esa curruca
Con las patas llenas de lodo
Mancha la flor del ciruelo
Mediodía. El gorgeo
De los verderones
Y el río en silencio
Aquellas montañas lejanas
Se reflejan en las pupilas
De la libélula
Esta luna de tres días
Combada y torcida.
Frío intenso.
Esta seta es venenosa
Pero también, claro está,
Muy hermosa
Las hojas que caen
Aumentan el frío,
En silencio
¡Qué hermoso el cielo
después de cantar
la alondra
Este último lo dejo aquí porque se parece al de Basho en el que también canta la alondra, pero son claramente distintos.
El tema de la traducción del haiku supone un problemón y, básicamente, es por dos motivos: el primero, común a otras situaciones, deviene de la complicación de traducir al castellano, respetando su sentido y su ritmo interno, un idioma extranjero que no es latino, pero que en este caso además ni siquiera raíz indoeuropea. El japonés clásico es complicado incluso para los que conocen el japonés actual (recuerdo haberselo oído a Dokuso Villalba). El segundo problema tiene que ver con la estructura del haiku.
Nosotros lo traducimos en tres versos de 5/7/5 sílabas, claramente separados, pero en realidad, así no se lee en Japón. El original no lleva cesuras, y por lo tanto se escribe de corrido en una sola frase. La división obedece a su ritmo interno
Os pongo un ejemplo:
Lo de arriba es el haiku original, abajo su traslación fonética.
La cosa se complica todavía más con Santoka, nuestro tercer protagonista, que inventó el haiku corto (aún más) de sólo dos versos.
La dificultad de captar en la traducción el sentido original se aprecia en estos ejemplo en los que el traductor baraja distintas opciones para al final elegir una que me parece discutible:
¡Oh Luna!¡Oh montañas!
Fijaos como yo, de tanto viajar,
He acabado enfermando
[literalmente dice: ¡Oh Luna!¡Oh montañas! / yo / de viaje / estoy enfermo]
Por el ocaso de la montaña
El ocaso se paresura en la flor del “rindo”
[Rindô puede segnificar “sendero en una pequeña arboleda” y también el nombre de una planta]
Ambos son de Santoka.
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| Santoka |
Este ha sido el último monje errante (zen) escritor de haikus (al menos que yo conozca), y vivió en la primera mitad del siglo pasado. Como Issa fue muy desgraciado, y de hecho, a pesar de su budismo, acabó alcoholizado perdido.
Os paso una selección de su poesía que está teñida de un halo pesimista y crepuscular.
Personalmente, me gusta mucho.
También la nube que flota
En el cielo de otoño
Se acaba quedando a solas
La campana
En la espesura de la montaña
¿Se tañe a sí misma?
Nubes que salen
de ninguna parte.
Nubes de otoño
Yo, ahora, aquí,
El azul de un mar
Que no tiene límites
---Y, a veces,
dejo de mendigar
y miro las montañas.
El largo puente
Que no volveré a cruzar.
Viento de eternidad.
Ha envejecido
Hasta el sonido
De las gotas de lluvia
La nieve cayendo sin cesar
Mientras contemplo
La nieve que cae
No hay más que esta senda
Camino en soledad
También la nube que flota
En el cielo de otoño
Se acaba quedando a solas
Con una piedra por almohada
(observo) el curso de las nubes…
El Haiku occidental
Acabamos el viaje por el mundo del Haiku acercándonos a su versión occidentalizada, ahora que tantos poetas lo han incorporado a sus poemarios (sin duda atraídos por su aparente simplicidad, y también, por qué no decirlo, por una cuestión de moda)
De entre ellos, he escogido a Benedetti y a Luis Alberto de Cuenca, porque ambos le han dedicado bastante atención en varios de sus libros, pero, como veréis, aunque son haikus en un sentido métrico, están alejadisimos de los temas y el espíritu del haiku clásico que vimos este fin de semana.
Empezamos con Benedetti:
si en el crepúsculo
el sol era memoria
ya no me acuerdo
la muerte invade
de vez en cuando el sueño
y hace sus cálculos
durante el sueño
los amantes son fieles
como animales
viejo curtido
ya no quiero pasar
por otro espanto
el exiliado
se fue adaptando al tedio
de la nostalgia
Y ahora, vamos con Luis Alberto de Cuenca:
Por las brumosas
Avenidas del alba
Viaja la muerte
Tumbado al sol
Oyendo cómo late
Tu corazón
En el silencio
De esa flor amarilla
Perdura el canto
Reloj de arena.
Me subo a tu cintura
Y el tiempo cesa









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