INQUISICIÓN SIGLO XXI / Spencer Polidori



EE.UU / 22-05-2021

Los que creíamos que la Inquisición era cosa del pasado y que la "lista negra" de libros que no deben leerse había quedado para la Edad Media, deberíamos echar un vistazo a lo que está pasando en algunos de los estados de la "progresista" América del Norte. Así no nos llamaríamos a engaño.

El gobernador de Florida, Ron DeSantis, firmó en su día una ley que permite a las juntas de padres examinar los libros que sus hijos leen en las aulas y utilizan como libros de texto, así como otros materiales didácticos, para determinar si se censuran o son permitidos. La Comisión del Departamento de Educación de Florida ha determinado considerar "prohibidos", en ese listado un total del 71% de los libros destinados a nivel K-5 (de 5 a 10 años), el 35% para los niveles de secundaria (de 14 a 18 años) y un 20% de los mnateriales escolares utilizados en el nivel 6 a 8 (es decir, para niños de 11 a 13 años). 54 de los 132 libros de matemáticas presentados al Estado por las editoriales fueron censurados, por poner un ejemplo. Y hablamos de matemáticas.

El listado se extendía a través de 5.895 páginas en razonamientos y ejemplos de libros prohibidos por encontrar, entre sus contenidos, "temas prohibidos" como teorías críticas con el concepto de "raza", la "conciencia social" o por reflejar estrategias de aprendizaje consideradas nocivas, como el "aprendizaje social y emocional". El Departamento de Educación de Florida señala como ilegal, por ejemplo, todo material que contenga la idea de que

 "el racismo no es simplemente un producto de los prejuicios, sino que está arraigado en la sociedad estadounidense y sus sistemas legales preservando la supremacía blanca".

Idea, como puede verse, abominable, que el departamento no duda en calificar de "antiamericana".

Florida, puede notarse por esta cifra, es un estado muy tolerante. No lo digo en broma (aunque tal vez sí con ironía). Un estudio de PEN América afirma que desde el 31 de julio de 2021 al 31 de marzo de 2022 se han censurado 1586 libros en todo el territorio de los Estados Unidos. Sobre todo en Texas, donde se han indexado a la "lista negra" 713 títulos y el gobernador Greg Abbott ha presionado a las juntas escolares para que erradiquen la "pornografía" de las bibliotecas escolares. Por pornografía entiende el político los libros de temática LGTBIQ+. Allí también, el grupo conservador Moms for Liberty (es curioso cómo últimamente siempre se usa el término "libertad" precisamente para etiquetar justo lo que es su contrario) han criticado que hay libros de texto que dan como algo comprobado la crisis climática; ¡qué escándalo!. Pensilvania sigue a Texas en el ránquin con 456 títulos y sólo en tercer lugar encontramos a Florida con 204 títulos.

Según Xavier Irujo, en un artículo publicado en el Diario Noticias de Navarra que nos sirve de fuente de este artículo (1), hay una explicación para tanta censura. Según nos dice,el número de electores universitarios que ejercen el voto se ha incrementado notablemente en los últimos 75 años. En 1952, sólo el 5% de los votantes eran graduados universitarios. En las últimas presidenciales de 2020, lo eran el 41% y mayoritariamente vitaron a los demócratas. Por tanto: la conclusión es lógica y, aludiendo a los emblemas de cada uno de los partidos, el periodista afirma que muchos republicanos concluyen: "a más acceso a los libros y mayor nivel educativo, más burro azul (emblema demócrata) y menos elefante rojo (emblema republicano)", así que han decidido darle la vuelta a la tendencia y hacer, de sus estudiantes, unos iletrados para poder obtener más votos. Vamos, que haya más "elefantes rojos". O más "burro" rojo, no sé muy bien.


 

La historia de la literatura, sin embargo, no sé de qué nos quejamos, también nos ha dado muestras de la noble función que cumple una buena pira de libros y los beneficios que se obtienen en las mentes del populacho. Es cierto que Cervantes, en su Quijote, quemaba novelas que llenaban el alma de fantasías e incluso tenía a bien indultar alguna relevante por su calidad literaria, como el Amadís. Pero al fin y al cabo, seguía siendo la época de la Inquisición. Otros autores, en cambio, si han quemado libros, como en Farenheit 451, de Ray Bradbury, han sido para excandalizar al lector con comportamientos tan aviesos. Finalmente, algunos autores, tal vez por su estrecho vínculo con el mundo del libro y por la pasión que les profieren, no han osado alzar las hogueras de la vanidad literaria, pero han asimilado el hecho de privarnos de algunos títulos que a estos gobernadores tan democráticos les parecerían, sin duda, poco edificantes, con la comisión de un crimen y por eso, por ejemplo, Umberto Eco hizo envenenar las páginas de la "Comedia" de Aristóteles.


 

Libros emponzoñados, venenosos, tóxicos, sin duda, porque enseñan a ver el mundo de manera diferente y a pensar por uno mismo. ¡qué osadía!


(1) https://www.noticiasdenavarra.com/actualidad/mundo/2022/05/22/leer-delito/1263452.html


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